El Vítor, noche mágica en San Esteban del Valle
San Esteban del Valle celebra este domingo y el próximo sábado el Vítor, una sobrecogedora procesión nocturna declarada Fiesta de Interés Turístico Regiona por su singularidad y su valor histórico. Los que la han vivido cuentan que el frío de la noche de Gredos, la luz de las antorchas encendidas, el sonido de los cascos de los caballos y el repicar de las campanas confieren a este desfile una atmósfera mágica.
El Vítor se enmarca dentro de las Fiestas Patronales en Honor a San Pedro Bautista que se celebran entre los días 3 y 12 de febrero en San Esteban del Valle. El Ayuntamiento ha preparado un completo programa de actividades, con degustaciones, música, concursos y juegos infantiles, pero son las dos procesiones del Vítor los momentos más esperados.
El protocolo es el mismo desde el siglo XVII, cuando empezó a celebrarse la fiesta. Cae la tarde y comienzan a sonar las campanas de la Iglesia para llamar a los vecinos, que acuden a la Plaza de San Juan Bautista ataviados con pañuelos rojos y antorchas. Tras la bendición sacerdotal, los caballos inician una veloz carrera hacia la iglesia por una estrecha y empinada calle. Al alcanzarla, recitan unas décimas por encima del silencio y todos acuden a la puerta del cementerio para recordar a sus antepasados. Desde allí se va a la capilla y se subasta el honor de clavar el vítor del santo en la fachada. Una vez adjudicado, se declaman tres vítores: al santo, a San Pedro Bautista y a la Santa Cabeza.
Hay que remontarse a 1601 para buscar el origen de la procesión. En esa fecha llega a San Esteban del Valle Fray Juan Pobre, testigo del martirio de Pedro Bautista en Nagasaki. Tanto interés despertó la historia que tuvo que recorrer las calles del pueblo contándola y tras la beatificación del mártir, en 1627 el Vítor se celebra tal y como lo conocemos.
La celebración de las Fiestas de San Pedro Bautista es una buena oportunidad para conocer el Barranco de las Cinco Villas, en el que se asientan Mombeltrán, San Esteban, Cuevas, Santa Cruz y Villarejo. Este lugar, plagado de historia, es perfecto para el turismo de naturaleza, cultural, etnográfico e histórico.
